Una tarde de julio
se te helaron los labios,
y una tarde de julio te besé,
quizás por eso,
quizás porque te quiero tanto.
Una tarde de julio,
con el mar a las espaldas
y el cielo rojo,
encallado en una roca lejana,
tu boca lenta,
encarnada,
y tus palabras helando
la tempestad cautiva
de la tarde helada...
Me besaste
quizás por eso,
porque sin ti no soy nada.
Una tarde de julio,
te quiero,
sin más,
porque no me hace falta saber por qué;
los besos,
quizás por eso,
quizás porque no sé por qué.
… Te quiero...
y eso me basta.
