Empezamos la batalla
simplemente con salir,
atacamos las mañanas
con huecos para el alfil.
Defendiste, siciliana,
ese rey con un enroque,
pero sabes que mi dama
conoce que el daño te toque.
Y se mueve por el campo,
custodiad por peones,
que la cubren ya de ataques,
de esos caballos feroces.
Y las piezas se me mueven
sin yo querer abarcarlas,
pues batallas ya se vuelven,
guerras ensangrentadas.
Cayó un peón el primero,
mío, con tal desgracia,
que al repeler ese golpe,
murió un caballo en tu estancia.
Y me hiciste sacar la torre,
que cerró una herida abierta,
pues el alfil que tapaba,
huyó al ver la reyerta.
Y no es que no sea valiente,
es que te tiene temor,
ya que una es la siciliana,
y otro el jaque pastor.
Con caballo y con la torre,
pude asustar a tu rey,
pero después del derroche,
vino el tributo de ley.
Que por fin rompió a tu dama,
y aunque murió ya la tuya,
no pudo ser más que llama
que apagó, triste, una duda.
Y cerraste mi yo más fiero
en jaque-mate de mi,
y calaste lo que yo quiero
de agua color marfil.
Ay, partida que acabaste
con el rey sin más sentir
que puede que enamoraste
mi oscuro corazón de TI.
