Hay días en que cierro los sentidos
en que dejo a la deriva los sueños pasados
e imagino mi último día.
Entonces, rostros hacen procesión en el recuerdo,
me abruman las sonrisas plagadas de voces,
me redimen las miradas cargadas de penas inertes,
me enfrían los adioses a escondidas,
y ensordece mi despedida los adioses a gritos.
Un neón me llama en una calle llena de adoquines orinados,
mientras tatúo en mis huesos un último verso,
y un mar es una lágrima agridulce y clara.
Un barco de papel me espera en un puerto desierto
donde sirenas hacen guardia de honor a mi nombre.
y me despido como llegué, vestido de silencio.
Y me voy desnudo al otro lado, a andar entre los otros.
Cuando cae la noche sobre mis párpados grises
y la luna besa mis labios cuarteados y secos,
cuando nadie me mira me deshago de todo,
me voy sin voces,
con un verso
sangrándome las manos.
