Me sonríes con la vista
Sin que nadie se de cuenta,
Tus pupilas venenosas
Recubiertas de canela
Juegan con juegos prohibidos
De un pasado no perdido
Y una risa peleona.
Crees que juego al escondite
Con la tela de una araña
Y en silencio te columpias
Derrotando a la sorpresa
Y contándome tu anhelo,
Musitándome tu miedo
Y bailando en la penumbra.
Y la calma quebrantada
Yace perpleja ante tu rosa,
Rosa de viento y azufre,
Rosa de fuego y de fresa,
De un jardín de sueños y amargura,
Jardín de plena locura
Y de sangre derramada.
Y yo espero mi momento,
Recorriendo las paredes
Mi mirada y su delicia,
Recordando las heridas
De mi orgullo ensangrentado,
De mi mirlo envenenado
Por volar hacia la luna.
La rabia y su dominio
Y la risa al mismo tiempo,
En la misma vieja copa
Que bebimos en el cuento
E ilustramos de caricias
Con carmines de delicias
Y sabores de chupetes.
Aún me busca tu mirada
Y tu piensas que la espero
Al ver la tierra encendida;
El deseo de batalla no vengada
Entre mis gritos
Y el rezo de mi cirio
Encendido por tu alma.
Si pudieses saber, niña,
Lo cercano de esa risa
Y mis manos en tu piel...
... Y yo aquí, tan lejos,
