La luna me llama de día.
Y como una estrella errante que soy,
Voy a su lado volando,
A consolar sus miedos y a compartir destellos.
La luna mata mis sueños,
Los que comparto,
Los que no tengo,
Los que me suenan en el alma al dormirme,
Y con los que sueña la luna,
Sin confesarme que sueña,
Sin confesarme,
Ciegamente,
Que soy su estrella,
y que no deja de soñar los sueños,
Y que no deja de tenerme miedos.
Y que no quiere verse mi DUEÑA.
La luna calla,
Cadenciosa,
Al verme pasar cercano.
Tiene pavor de mi beso.
La luna no grita mi nombre,
Pero sé que se acuerda de mis manos en su espalda.
La luna sé que me quiere,
Arrogante,
Lo sé;
Y sabe que la quiero porque la busco al anochecer,
Donde mi sol y su luna se juntan en el mismo cielo,
Sin nubes ni estrellas.
De aquí a un tiempo,
Nos seguiremos buscando.
Y nos queremos,
Dentro de la necesidad de los besos y los ojos,
Como dos extremos,
Sol y luna,
Que somos,
Como aquellos que no se pueden,
Que no se dejan…
Y no dejamos de ser nosotros:
Yo el sol,
Y tú,
La luna.
